Noticias

¡Hemos visto al Señor!

Gerusalemme (Italia) Immagine correlata a ¡Hemos visto al Señor!

Roma (Italia). En agosto de 2019 los jóvenes del MGS de Italia Central han realizado una peregrinación a Tierra Santa.Algunos interrogantes han precedido el viaje: ¿Seré capaz de vivir esta experiencia en profundidad y de reconocer las señales del Señor? No me arriesgo a acercarme a estos lugares sólo como un turista? ¿Sabré acoger una Gracia tan grande?

Todos los jóvenes merecen confianza, también aquellos que a nuestros ojos resultan alejados, indiferentes, resistentes a todo tipo de propuesta. Don Bosco nos recuerda que en el corazón de cada joven hay siempre una cuerda que hacer vibrar, un punto accesible al bien. Y es precisamente en medio de los jóvenes donde debemos expresar, como personas consagradas, con toda la comunidad educativa, una actitud insubstituible: estar despiertos para despertar a los jóvenes, estar centrados en el Señor para poder ayudar a los y las jóvenes a centrarse en Él.

He aquí la experiencia vivida.

“En estos días de peregrinación he madurado claramente la respuesta “¡no, no soy capaz!” Y es que aquello que es imposible para nosotros es posible para un Dios que toma la iniciativa haciéndose cercano, haciendo accesible un misterio demasiado inmenso para ser comprendido sólo con nuestra razón.

Lo que se percibe en Tierra Santa es Dios que entra en la historia humana haciéndose carne en lo concreto de un tiempo y de un espacio muy precisos, es el Evangelio vivo que camina sobre nuestros mismos pasos y que se deja tocar. Así, en la Basílica de la Anunciación en Nazareth hemos visto irrumpir la Gracia en la modesta habitación de una muchacha que nos ha hecho emocionar y ha hecho resonar en nuestros corazones su “Sí”. Después la hemos acompañado a Ain Karem, donde fue a encontrar “de prisa” a su prima Elisabeth y donde cantó su Magnificat. Ahora nos damos cuenta de que nuestro viaje en pullman ha sido mas confortable que el suyo a pie o a caballo de asno en el calor de Palestina! En Nazareth hemos visto también la casa de José, que nos ha emocionado por su silencio y por su fe sólida como una roca que le permitió custodiar y proteger a la Sagrada Familia.

En Caná de Galilea se ha reproducido el primer signo con la bendición de los novios de nuestro grupo y todos juntos hemos entregado el agua de nuestra ordinariedad para que en las manos de Dios se transformara en el “vino bueno” de la fiesta, dimensión tan querida en la espiritualidad salesiana!. Como hace dos mil años, hemos visto a Jesús caminar por los caminos de Cafarnaun y sobre las riberas del lago de Tiberíades, que ha hecho resonar en nosotros el “No tengáis miedo” oído por los discípulos mientras la tempestad sacudía nuestra barca, hemos visto a Pedro y a los primeros apóstoles dejar las redes y responder al fascinante “´Sígueme” de Quien les prometió misteriosamente hacerlos “pescadores de hombres”.

Sobre el río Jordán hemos vivido con gran emoción la renovación de nuestras promesas bautismales, en el agua en la cual se sumergió Jesús y que es “para nosotros tumba del pecado y madre que engendra la vida nueva de los resucitados.”

Después hemos llegado a Jerusalén, ciudad que nos ha llamado la atención por sus múltiples culturas y por su riqueza, pero también por sus contradicciones y tensiones. En la Ciudad Santa hemos seguido con conmoción a Jesús en su Pasión, en Getsemaní en en la iglesia de la Flagelación, a lo largo del Vía Crucis en las estrechas, concurridas e indiferentes calles del mercado de Jerusalén de ayer y de hoy. Hemos sido acompañados en este recorrido por Pedro y con él hemos experimentado en la confesión la mirada llena de amor del Señor que nos envuelve y nos perdona a pesar de nuestras negaciones, que hace de nuestra debilidad el punto de partida de un gran plan! La culminación de nuestra peregrinación ha tenido lugar en la Basílica del Santo Sepulcro que contiene los lugares en los que se cumplió nuestra salvación, el centro de la historia y del mundo. Nos hemos acercado a un misterio maravilloso e indescriptible, por eso las palabras han cedido el protagonismo a un silencio lleno de estupor, conmoción, gratitud por los prodigios cumplidos por el “Dios de lo imposible”, como hemos cantado con frecuencia estos días.

Hemos tenido la preciosa ocasión de hacer “desierto” precisamente en el desierto de Judá, lugar del silencio, de la esencialidad, que nos hace redescubrir nuestro ser criaturas. Ha sido un momento importante para pararse y permitir que los muchos y emocionantes momentos de Gracia vividos durante el viaje echen raíces en nuestro corazón, para constituir un tesoro al cual seguramente nos acercaremos cuando volvamos a casa.

Nuestro Campo bíblico ha sido aún más especial porque ha sido compartido: hemos gozado de jornadas de canto, de plegaria conjunta, de atenciones recíprocas, de alegría.

Ha sido una Gracia difícil de explicar poder ir a Tierra Santa e ir con el Movimiento Juvenil Salesiano, con “un solo corazón y una sola alma!” Por esto la profunda gratitud, sentimiento tan experimentado en estos días, no se dirige sólo y obviamente al Señor, sino también a todo el grupo, a don Andrea, don Emanuele, sor Loredana y sor Nicoletta que nos han acompañado con tanta disponibilidad y preparación; a la comunidad FMA de Nazareth y a la SdB de Jerusalén, que nos han acogido y hecho sentir en casa, a muchos testimonios de hoy que hemos encontrado y que nos han dedicado su tiempo para hacernos conocer la belleza y la complejidad de la Tierra Santa.

Nuestra última y significativa etapa ha sido Emaús. No se sabe exactamente cuál es el lugar del encuentro de Jesús resucitado con los dos discípulos, pero esto hace aún más sugestiva nuestra identificación con ellos. Volver a casa puede significar encontrar momentos de dificultad y desasosiego, pero esta peregrinación ha confirmado la certeza de no estar solos, porque mientras el Señor nos explicaba las Escrituras y nos las mostraba en los lugares en que se cumplieron, nuestros corazones ardían como los de los discípulos! Y continuarán ardiendo si su Palabra, revivida y gustada en estos días, encuenra acogida en nosotros. Entonces seremos capaces de reconocerlo siempre al partir el Pan y su Espíritu nos hará ser testimonios, porque querremos gritar a todos que “hemos visto al Señor!” Y verdaderamente ha resucitado! Hermano mío peregrino.

0 Comentarios Escribir un comentario

    Sin comentarios
  • Escribir un comentario